Ocuparse sin preocuparse

Seamos críticos y alcemos la voz cuando veamos condiciones y acciones inseguras; informémonos sobre la seguridad de los eventos a los que asistimos, y exhortemos a productores y organizadores en la prevención.

Lo ocurrido en Manchester deja en evidencia, una vez más, las vulnerabilidades de los espacios públicos. Actos terroristas, así como terremotos, incendios y eventos climáticos extremos, no sólo se traducen en pérdida de vidas humanas y personas heridas, sino también en destrucción de infraestructura, daños al patrimonio y pánico e inseguridad entre la población.
Estos ataques son difíciles de evitar, aun por parte de sagaces servicios de inteligencia, pero su impacto, alcance y efectos sí pueden mitigarse a través de un plan sólido de seguridad que apunte a establecer medidas de prevención, protocolos de emergencia y planes de comunicación.
¿Qué habría pasado si al comienzo del show de Ariana Grande la productora hubiese proyectado un video mostrando las vías de evacuación? ¿Y si hubiesen aprovechado sus pantallas y altavoces para dar instrucciones tras el atentado? Seguramente el desorden que se produjo tras la explosión habría sido menor y se habrían evitado accidentes adicionales provocados por el pánico.
En Alemania existe un sistema a través del cual, antes de iniciar eventos de magnitud, se realizan simulacros para preparar a la gente en caso de emergencias. Prácticas como esta reducen los riesgos y, además, contribuyen a que los asistentes se sientan seguros.
En Chile, por suerte, no hemos enfrentado actos terroristas. Sin embargo, somos susceptibles a otros eventos que provocan conmoción, destrucción y muertes, como terremotos, incendios e inundaciones. Así, el tema de la seguridad en los actos públicos masivos -sean partidos, conciertos, maratones, desfiles o marchas políticas- es un tema que debe ser abordado responsable y profesionalmente.
En el Manchester Arena caben 21 mil personas y esa noche se encontraba repleto. ¿Estaba el estadio preparado logísticamente para recibir a esa cantidad de gente? ¿Estaban sus vías de evacuación señalizadas, había una cantidad razonable de policías y bomberos? ¿Existían “puntos de encuentro” designados previamente para que las familias pudieran reencontrarse? ¿Existían protocolos de primeros auxilios? ¿Había voceros capacitados para conversar con las víctimas, sus familias y la prensa?
Seamos críticos y alcemos la voz cuando veamos condiciones y acciones inseguras; informémonos sobre la seguridad de los eventos a los que asistimos; exhortemos a productores y organizadores para que sean prolijos en la prevención de riesgos y manejo de emergencias. ¡Exijamos que nos cuiden! “Disfrutemos sin preocupaciones, pero ocupémonos de la seguridad”.
*La autora es fundadora de Crosscheck (consultora en prevención de riesgos y gestión de emergencias).

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